Tonalá, Jalisco, es un pueblo al oriente del poniente de México, “por donde el sol sale” si se toma como referencia la ciudad de Guadalajara, con la que hoy comparte la segunda mancha urbana en importancia en ese país. Dueño de un pasado que le concede un muy alto estatus cultural, más allá de la conquista que México sufriera por parte de España en el siglo XIV, y que se remonta a los pueblos indígenas que conformaban el rico Señorío de Tonallan, donde pueblos cocas y tecuexes se aposentaban al mando de una cacica, Cihualpilli Tzapotzintli
|
|
(dulce fruto de zapote). La historia lo ubica como un pueblo de artesanos desde estos orígenes. Se le reconocía como “puerto de loza”, donde una orografía particular, conjugada con un clima inmejorable y un lugar privilegiado, sumado con una muy rica mitología, dispusieron las circunstancias más propicias para el florecimiento de una actividad que pronto demostró sus posibilidades económicas en su sentido más noble: la alfarería.
La conjugación cultural finalmen- te, ha matizado una manifesta- ción de hondas raíces prehispá - nicas y de importantes retoques |
|
coloniales que han dado como resultado las maravillosas piezas de arte utilitario.
Si una manifestación cultural de nuestro ser como nativos de estos rumbos es capaz de reflejarnos, es esta artesanía mestiza, esta artesanía mexicana, esta artesanía que somos, a diferencia de otras cerámicas que bien pueden considerarse como criollas: la de talavera, por caso. |